5 marzo 2009

Llegué a casa de los Erenhaus un viernes a la hora en que los peces descubren que el cielo es azul y se entretienen en morder las nubes. El viaje en ferry fue bastante plácido y no vomité ni una sola vez, a pesar de que me bebí media botella verde de Chartreuse mientras dibujaba en mi cuaderno el perfil de aquella chica. Soplaba un fuerte viento de levante y a pesar de que me escondí detrás del kiosco del puerto no conseguí controlar el sentido del líquido ureo clorofílico, con lo cual me meé encima de los pantalones. Por suerte, la señora Erenhaus no llevaba las gafas puestas cuando vino a abrirme. Qué sorpresa, señorito Augustus, pensábamos que nos iba a privar el fin de semana de su compañía. Qué tal se encuentra su padre. Y las orquídeas de su madre, siguen igual de bonitas… Por suerte, un herrerillo se posó sobre una de las ramas del arce que tenían los Erenhaus en el jardín y su canto me libró del interrogatorio de mi anfitriona. En el huerto llamaban mi atención unas acelgas que ponían a prueba a los caracoles con vértigo. En el suelo pude observar a los supervivientes que habían sido desahuciados y una gran pena me sobrevino de repente. Mientras la señora Erenhaus me explicaba sus planes para convencer a su marido de la necesidad de reparar el tejado, no debí caerle demasiado bien a los topos porque uno de ellos aprovechó un momento de distracción mío para hacerme tropezar y dadas las circunstancias escogí caer sobre los pensamientos antes que sobre los rosales. Con ello logré que mi anfitriona me invitara amablemente a entrar en su casa antes de que derribara alguno de los árboles y el señor Erenhaus no encontrara alternativa a la restauración del tejado. El suelo de madera crujía un poco y, temiendo que el tubérculo cerebral se apoderara de aquel sonido chirriante, logré neutralizarlo y convertirlo en un ritmo primitivo sobre el cual mis neuronas tarareaban una lánguida y campestre melodía de Farfisa. La señora Erenhaus me pidió que la acompañara y me invitó a desayunar con ella. Nos sentamos junto a la ventana que daba al portal y charlamos un rato de esto y aquello. Tenía una figura en porcelana de buda sobre el marco de la ventana y yo veía que me miraba y movía el brazo como los gatos chinos de la fortuna. El pobre debía vigilar porque estaba rodeado de esos cactus pequeños con formas caprichosas y podía pincharse sin querer. La señora Erenhaus me contaba que los vecinos eran muy ruidosos y que para cuidar su jardín utilizaban motosierras y demás aparatos contaminadores y que cada vez había más perros abandonados. Sabía lo de mi tumor pero ella insistía en que se trataba tan solo de un chichón. Pues su marido me diagnosticó un tumor. No le haga caso a Julian, tiene a veces unas ideas rocambolescas y es tan obstinado… Créame, eso tan solo es un golpe o algún mal de amores sin importancia que se le ha subido a la cabeza. Tumores tiene mi pobre roble, fíjese en las hojas, pobrecito arbolito. Tiene que previsualizarlos primero, son minúsculos. Yo no veía absolutamente nada. Bueno sí, un árbol con hojas verdes, pero nada más. El sol de mediodía se filtraba por entre las ramas y poco a poco lograba convertir mis nervios ópticos en caleidoscopios atómicos y las moléculas de dopamina de mi cerebro andaban a través de él como hormiguitas en una sinergia de placer y gozo que me resultaba extenuante, con lo cual me excusé y simulando un repentino dolor de cabeza le pedí a la señora Erenhaus que me mostrara mi habitación. Mientras subíamos por la escalera de espiral asimétrica, apareció Sososó con la bragueta abierta y sus gafas a lo Jad Fair llenas de polvo blanco, pelusa y ácaros barrigudos como él. Oye listo, mis gafas son como las de John Lennon. Oh, pues a mí me recuerdan a las de Jad Fair. No tienes ni idea Augustus. Eres un hortera y un moña que escucha los Beach Boys cuando los Beatles siempre han sido y serán el mejor grupo rock de la historia. Asúmelo. Da igual, no pienso discutir con un pipistrello como tú. Además yo ya no escucho música pop. Tan solo reggae antiguo y calypso, Maytals, Paragons, Ethiopians y grupos así. No me vengas ahora con esas. ¿Tú escuchando reggae? Y el siguiente paso cuál será… “Lo más es la música sufí y la música tradicional húngara”. Encima eres un snob de cuidado. Claro, no ves que soy clavado a David Bowie. Mira tío, a tu edad Bowie tenía grabados como mínimo cinco discos cojonudos, clásicos, obras maestras de puro rock. Pues Nico decía que era un mierda y un tipo superficial. Nico, Nico. Pero si esa tipa no sabía ni cantar, solo servía para que se la follaran los de la Factory y… Bueno, bueno, chicos. Cálmense. Señorito Paul, ¿verdad que se acordará de comprarme el abono líquido para las malvas y mi tinte color Rose du Barry electrizante cuando regrese del trabajo? Es que con este calor, andar en bicicleta supone todo un atrevimiento para mi edad. Venga, no pierda el tiempo que no quiero que llegue tarde… Y usted, señorito Augustus, no se enfade tanto y descanse un poco, que le voy a preparar zumo de manzana verde fresquito fresquito como le gusta. Y no sea gruñón, con lo guapo que está con esos pantalones vintage amarillos con destello de hierbabuena…

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.