22 enero 2010

Y si los justos de los que hablaba Borges, que justifican el dolor que les ha sido infringido, vinieran a este bar a tomarse unas cervezas con implantes de gas, de qué hablarían. Encontrarían a las chicas de siempre, a las artistas, a las bohemias, a las perdidas… Se toparían con el poeta con barba de dos días y ojeras de lector nocturno. La muchacha de la barra, con gafas de empollona, pinchando vinilos entre servicio y servicio. Me verían quizás a mí. De qué hablaríamos. Nos toparíamos con algún grafitero, chicos con corbata recién salidos de la oficina, músicos de tres al cuarto, serios todos ellos. Prohibido vomitar. Si aparece el criticucho de la tele le echamos la bilis por encima, mientras tanto a aguantarse. No me sienta bien este sitio. Aunque por lo menos aquí nadie me reconoce. Gracias mamá por comprar el libro, seguro que te gusta. Son relatos, ya sabes, cuentos. Sí. Salen animales que hablan. A todos les gustan las historias de bichos. No, no, no son fábulas. No hay moraleja ni enseñanza alguna. ¿Cómo te encuentras? No puedes moverte ni andar apenas. Jo, pues vaya. ¿Y papá? Mejor, ¿no? Sí, tengo mucho trabajo. El editor no para de joder. De llamarme, quería decir. Vale, que tienes que preparar la cena. Es tarde, tranquila. Seguro que el desgraciado me llama el domingo por la mañana y yo con la resaca. Y aún no he terminado el maldito libro. Por qué le prometí más de lo mismo. Seguro que será un éxito. Nada de chorradas deprimentes ni existencialistas. Como no me acepten de articulista estoy bien listo. La otra, claro, escribe sobre la “cachopolla” de su chico y todos tan contentos. Yo hablaría de mi micropene y de los ponies cachondos que corren por las tierras del medio oeste persiguiendo una polla con piernas de ñandú. Les encantará a los lectores. Se levantarán temprano para comprar el periódico antes de desayunar y volverán corriendo a casa para leerlo con calma. Lo malo es que tendré que ver la jodida tele para comentar los noticiarios, los anuncios, los programas basura, los labios operados de la presentadora de turno, los periodistas prostituidos, el alcalde y todo eso. Aunque como no baje al bar de la esquina o compre una antena que funcione lo llevo crudo. La pinchadiscos no está mal por suerte. Este tema es de los pezones rebeldes. Siempre me molaron. Gran grupo. Pondré una canción suya en la recopilación que le prometí a la amiga de Sososó. Nada de temas de amor. Porque como se entere Helena tendré que aguantar sus quejas y sus reproches. Y la otra, encima, me hace esperar casi dos mil segundos y luego dice que no entiende por qué tanto cabreo. Qué simpático eres, me haces quedar frente al puesto de helados una fría mañana de sábado para ir al museo de arte moderno. Claro, por eso me haces tú contemplar a los abedules del parque con una sonrisa de estúpido que le gusta que le den plantón. Además, no confundamos las cosas. Tú fuiste quien insistió que te apetecería charlar conmigo sobre la nueva vanguardia. Yo no tengo ni puñetera idea de arte y jamás te incité a que me acompañaras. Yo amo a Helena, aunque nunca te haya hablado de ella. Si te acompañé hasta tu cama y te di las buenas noches aquel día fue porque no me apetecía estar solo y encima borracho a esas horas. Oh Jaimito, me rompiste el corazón, yo que creía que te conocía bien. Mierda de grupo. No puedes poner algo más post algo o chicos de San Diego desquiciados en vez de esta muerma… Ahora debes de estar despierta leyendo o charlando con el chico de turno. Y claro, le estarás contando aquello de que cuando él estaba enamorado de mí yo no y luego él dejó de estarlo y yo me volví loca por él. Entonces me abandonó y adelgacé muchísimo. Claro que no le dirás nada de que yo estuve a punto de cortarme las venas después de tus desaires y tu caprichoso deseo. Pero no te preocupes. Me encuentro mucho mejor aunque no he engordado nada. Helena me va enseñar a autolesionarme con rebanadas de pan de molde por si acaso se me ocurre imitar a Jean-Pierre Léaud en una peli finlandesa. Oh, no te alegres. Tampoco va a funcionar lo nuestro. Pero cuando se termine, entonces compondré una canción para ti y te la grabaré en una cinta imitando la voz de tu cantautor asturiano favorito. Y te la regalaré cuando se cumplan cincuenta años de nuestra primera vez. Tú invitarás a tus amigos pintores, fotógrafos, escritores malditos y hablaréis de malditismo. Yo os escucharé y me cortaré las venas con una rebanada de pan y con la otra mano brindaré por vuestra salud. Y pasará como en las pelis malas. Al final solo quedarán los buenos.

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