Creo que los veranos que más me gustan son los que terminan con lágrimas. Era mi último día de las vacaciones y decidí pasarlo cerca del mar. Salí del hotel y le dije al taxista lléveme a la playa, qué playa, cualquiera. Y allí estaba yo de rodillas en la arena luchando contra el oleaje. Todo indicaba que aquella tarde el monstruo marino no aparecería. El sol se iba a poner y no existía indicio alguno de la criatura. Una sombra me cubrió y yo temí que fuera él que me atacara por sorpresa. Buenas tardes señor. Puedo permitirme la osadía de preguntarle qué está usted haciendo postrado así de rodillas. Es una postura poco favorecedora y bien absurda, no lo negará. Perdone mocoso, le informo que estoy aguardando al Tritón y corríjame pero yo no recuerdo haberlo llamado. Oh, eso ya lo sé, no es usted nada original. También añadiré que es sumamente improbable que un anfibio aparezca en esta playa, debería consultarlo con la enciclopedia animal pero creo no andar errado. Sería una revolución para la ciencia, sin duda. Bueno, usted sabrá, yo solo creí necesario advertirle. Adiós. Una vez había desaparecido la hormiga exploradora apareció la hormiga soldado. Válgame Dios, está usted aún aquí. Me ha comentado mi hermano que había estado conversando con un ingenuo y un soñador, o lo que es lo mismo, un zoquete. Y como estaba aburrida de tomar el sol y el libro que cogí de la biblioteca es un tostón, pensé que sería interesante conocerle. Puede creer usted que un sabio diga que es de ineptos escuchar los consejos de las mujeres y que es más rico alguien por acumular resignación que propiedades. Él sin duda sí que demuestra ser un zoquete. Espero que usted por lo menos no le supere. Es curioso, ¿sabe?, tiene los labios gruesos como los negros de las películas de aventuras. No será descendiente de zulús, ¿verdad? Ah, y usted como es pelirroja debe ser nieta de Deborah Kerr, claro. Pero le diré que ciertamente no anda muy desorientada, en realidad tengo antepasados armenios y mandingas. Estos últimos por si lo desconoce son un pueblo africano y sin duda la gran mayoría de personas los calificaría como negros. Qué interesante me resulta usted. Además, como indica mi frente prominente, soy descendiente de los antiguos soberanos que gobernaron el imperio durante siglos. Posteriormente llegaron ustedes los franceses y lo desarmaron todo. Colonización lo llaman. Bueno, bueno, no se ponga usted a la defensiva. Así que es un príncipe o algo así, fascinante… De todos modos, le estuve observando antes mientras nadaba y su estilo no es muy elegante y mucho menos magnificente. Cómo es que nada de espaldas con las piernas estiradas a modo de proa. Debe tragar más agua que un cachalote. Mire usted listilla, mi forma de nadar es heredada del mítico delfín blanco del Ganga. Tan solo unos pocos privilegiados son capaces de lograr con sumo esfuerzo imitar a esa bella criatura del Indostán. Pero qué gracioso que es, desconocía por completo que existiera un delfín que nadara de espaldas y encima blanco. No sabe cómo me gustan los delfines a mí, son muy nobles y gentiles, incluso uno salvó a Arión cuando lo lanzaron al mar. Yo amo la música y la poesía, comprende, y hasta escribo versos. Sino estaría todo el día haciéndome la manita y se cansa una. Por las noches, para que no me descubran mis padres recito versos dodecasílabos. A este paso voy a terminar recitando alejandrinos. Por cierto, no me ha preguntado aún usted cómo me llamo. Eso no es muy caballeroso por su parte, pienso yo. Y mire que iba a invitarlo a que me visitara esta noche. [Nínfula, más que nínfula, eres una lujuriosa y una viciosa]. Como no me dejes tranquilo, voy a hablar directamente con tus padres. Oh, no hará eso, ¿verdad? Mi nombre es Catalina. [Serpiente, víbora…] Le he oído. Me deja perpleja, encima de zoquete, es usted grosero e insolente. Y mire que ponerse ese bicho en la entrepierna, parece un seminarista o un místico indú. Jajaja, estése quieto que aún le va a lastimar con las pinzas. Un cangrejo cocotero, joder, no me malinterprete, como no sé nadar muy bien pensaba que unos cocos me ayudarían a flotar en caso de necesidad. Deje que le ayude, no sea bobo. ¡Fuera!, no me toques. Como quiera. Me marcho entonces que debo hacerme la pedicura y pintarme las uñas de los pies. Le espero a medianoche, golpee dos veces la ventana y recíteme unos versos de Jayyam. Nuestra habitación es la 603, Hotel Imperial. No lo olvide. Venga ya, y cómo espera que trepe al sexto piso del hotel, está usted loca. Y si encima nos descubre su padre… No iba a pensar que se lo pondría fácil, si me desea lo logrará. Bien trepó King Kong el Empire State Building y luchó contra los aeroplanos. Que pase una agradable tarde, tritoncito.
