10 enero 2010

Uno no puede destruir nada sin destruirse a sí mismo. Creo haberlo leído por lo menos en algún sitio. Algún graffiti quizás. Acabo de levantarme. Clara sigue acostada, la sábana tan solo le cubre las pantorrillas. La miro un instante. Apenas se le dibujan los omoplatos. La marca del bañador sigue ahí. La sinuosidad de su cintura y sus nalgas me parece casi perfecta. Si fuera de barro la moldearía con mis manos inexpertas, aguantando la respiración, tan solo un instante, recorriendo con las yemas de los dedos aquella carne esclava, apartando los mechones del cabello hacia los lados. Anoche no te pusiste el collarcito de perlas ni el de los ositos… A las ocho nos debían traer el desayuno. Son y diez. La escucho sollozar, siempre igual. Abre la ventana, por favor, me pide. Este aire es sofocante. La plaza está prácticamente vacía. Algunos chicos ya han montado sus paraditas para vender teléfonos, radios, reproductores, navegadores… Un vagabundo se dirige a la parada de autobús con su tetrabrik. Llevará zumo de naranja, lo mejor para desayunar. Vitaminas y eso. Minerales también. Los Magnielli nos esperan para almorzar. Tendremos que coger un taxi y ella con sus lloros a todas horas… El mecánico prometió tener el coche listo para el lunes. Una pieza, falta una pieza, la traen de Alemania pero la fábrica está en Eslovaquia y, claro, eso significa una semana por lo pronto. Puto rumano de mierda. El puto coche está hecho cisco y el muy imbécil no puede pedir prestado uno al concesionario. Berlusconi es grande, Milán, claro, Ronaldinho, un fenómeno, Hagi, grande… Te mato, desgraciado. Tranquilo amigo… No me toques con tus sucias manos, hijo de la… Tengo las manos frías, dice Clara. Refunfuña algo. El Sr. Magnielli al habla. Sí, llevo el informe. De acuerdo. El socio tunecino quiere ver los planos del hotel. Entendido. Catalina está entusiasmada con nuestra visita. Cómo está la pequeña. ¿Se ha echado un noviete veraniego? Qué graciosa. Bueno, a la una del mediodía estamos en la torre. Bien, sí, me encuentro bien. No fue nada. Ya sabes como conducen por aquí. Ellos adelantaron a escasos metros, yo perdí un poco el control… Ay, ¡la mamma! Histérica, que si había cruzado la divisoria… Suerte de los carabinieri, fue fácil convencerlos… Oye, traigo la botella de Cerasuolo, ¿vale? Ciao. ¿Y el jodido desayuno? Este hotelucho que escogiste es una basura, mañana mismo nos mudamos al del Castello. Pero deja de llorar mujer, no te estoy reprochando nada. Todos nos equivocamos, es la naturaleza humana, ya está… Suerte que tengo a Angela. Vaya tetas la muy cerda. Me abroché la cazadora y me hice un rasguño, no es nada. Oh, qué tragedia griega… Y los maricas esos, cuánto está dispuesto a pagar. Mira hiena pestilenta, yo los negocios los hago directamente con la chica, ¿comprendes? Saca la puta navaja y tu cabeza la tendrán que recoger de las cloacas tus amiguitos. No nos pongamos nerviosos, ¿vale? Tú querrás seguir chupándola, ¿no? Pues mejor nos tranquilizamos… Jejeje, de que te ríes boba. Sigamos por este otro paso. No, no les tengo miedo. Ya sé que no nos seguirán, joder… Si yo fuera Fellini, te convertía en estrella, monada. Venga, venga, rápido. Nada de besitos.

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