No sé qué día es hoy, pero a partir de ahora no pienso escribir por las noches. Siempre se corre el riesgo de que las moléculas de alcohol o las manchas de esperma le despisten a uno del sentido de la narración y al final uno se pierde en curiosas conjeturas y parataxis nada favorecedoras. Total, que ahora mismo me encuentro en un pequeño bar de la medina tomando el desayuno y preparado para detallar los sucesos acontecidos estas últimas semanas. Mis compañeros, todos ellos barones y con barba de un par o tres de días en el mejor de los casos, están observando atentamente el noticiario de la mañana en un pequeño televisor de la era analógica. Mis nociones de árabe son escasas y las ondas magnéticas que distorsionan la imagen como si ésta estuviera reflejada en el margen de un lago, no impiden que comprenda la gravedad de la situación. Once cuellos más el del dueño del establecimiento se inclinan ligeramente hacia el sureste y se elevan levemente como atraídos por la araña que con su hilo pende del techo. La presentadora cuenta que al parecer unos extraños cuerpos no identificados aterrizaron sobre distintos tepuys de la Guayana venezolana. Los indígenas de la región creen que es un castigo del gobierno imperialista transnacional y de sus dioses capitalistas, las grandes corporaciones financieras y los moteros sureños. Pero fuentes del gobierno aseguran que los helicópteros no tripulados del ejército han detectado a unas extrañas criaturas parecidas a dinosaurios que se dedican a devorar las orquídeas endémicas, las más buscadas por los coleccionistas de todo el mundo. Los miembros de Salven a las Orquídeas Internacional están dispuestos a enviar a sus socios honorarios y a algunos aficionados a comprobar el estado de las poblaciones de estas plantas, desoyendo a las embajadas, sus madres y algunas profesoras de cuando cursaban la primaria. Los párrocos no se han pronunciado por el momento. El clima de nerviosismo ha provocado que las borsas se desplomen vertiginosamente y el uso de gel de guayaba para el pelo y las operaciones de cirugía plástica también. Mientras, los indígenas se limitan a incendiar la vegetación que circunda los tepuys ante la indignación de las protectoras de animales, vegetales y sucedáneos. Mis camaradas después de un largo silencio y de terminarse sus bebidas calientes con menta impuestas por los súbditos de la Gran Reina de Inglaterra, inauguran su diatriba contra los opresores occidentales y se preguntan por qué no interviene Suleimán. A continuación, la presentadora anuncia una escalada de suicidios entre los trabajadores de las fábricas de artilugios electrónicos “made in china”. He anotado estos sucesos para que mis lectores en un futuro tengan constancia del regreso de los dinosaurios a este absurdo planeta, después de años de retiro forzado, y del sacrificio de las clases proletarias en pro del progreso y tengan una fuente fiable dentro de toda esta desinformación de la era postatómica digital. A mí realmente me tiene sin cuidado todo esto porque ya tengo suficientes problemas con las perras del infierno. Llevo unos tres meses en esta ciudad y acabo de escaparme del sanatorio. Temía que me encontraran ellas y me tuve que esforzar por parecer un demente. Primero lo intenté con la cría de serpientes agorafóbicas. En mi habitación las alimentaba con pequeños roedores y poco a poco les escondía presas de tamaño mayor. Cuando se acercaban a su baúl y encontraban un capibara, entonces les entraba el pánico y acompañándolo con descargas eléctricas de baja intensidad a intervalos cada vez más cortos, terminaban por desarrollar esa fobia. Entonces era el momento de improvisar un espectáculo nocturno en cualquier calleja y cuando los espectadores contemplaban al encantador de serpientes que aterrorizaba a las serpientes y las hacía huir espantadas, no tardaban mucho en delatarlo al imán más cercano durante la siguiente pregaria. Con las cigüeñas era más fácil, como por aquí es un ave santa, no era necesario tanto esfuerzo. Las drogaba con kif y luego me desprendía del albornoz y me disfrazaba de heavy para la actuación. Cuando veían a un tipo imitando a Alice Cooper y desnucando a la desgraciada zancuda, primero pensaban que era un lunático pero dada la reiteración terminaron considerándome un loco, me encerraron en el hospital de locos y me encadenaron. En próximos capítulos quizás les explique los motivos de la fuga y el método de escapismo utilizado, aunque primero intentaré de patentarlo por si acaso.
